
Llegaste a mí vestida de noche nueva, engalanada con radiante risa robada que torna al aire de piel terrosa. En la boca una líquida y cíngara canción. En los ojos, el tiempo tornasolado de los años filtrados. En las manos, caricias calientes, casi ardientes. Te amoldaste a mi cuerpo sin rubor. Trajiste contigo el calor retenido en el olvidado tiempo. Llenaste mi alma de radiantes risas.
No vuelvas a irte, nocturna ave del tiempo.
Mercedes Ridocci
¡Necesitas ser un miembro de Ciberliteratura para añadir comentarios!
Participar en Ciberliteratura